Un par de días en casa de la tieta, en la playa, suponen un balón de oxígeno para nuestra maltrecha economía estival, mermada a golpe de calipos y cenas en el chino.
Es triste de pedir, pero más triste es de robar, por eso “aceptamos” descaradamente la invitación que las navidades pasadas nos hizo la tieta de pasar un par de días del próximo verano en su casa de la playa.
Comida y alojamiento gratis, con piscina incluída.
El precio? Todo, incluso lo gratuito, tiene un precio. Hay que mantenerse despierto durante las largas partidas de continental y procurar no dar un cabezazo sobre la manzanilla.
Gracias tieta!!
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