Las negociaciones con mis hijos son cada vez más duras, las condiciones para llegar a un acuerdo son casi inaceptables.
Les he tirado un helado y han salido corriendo tras él, de ese modo he distraído su atención y he recuperado mi ordenador por unos minutos preciosos que me permiten postear en este blog.
No sé si la próxima vez caerán en la trampa, así que puede que siga posteando desde el locutorio.
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